En 2021, Francia se comprometió a poner fin, antes de diciembre de 2026, a los espectáculos con cetáceos y a su cautiverio con fines de entretenimiento. Pero tras el cierre de Marineland de Antibes en enero de 2025, sigue pendiente una pregunta clave: ¿qué será de Wikie y de su hijo Keijo, las dos últimas orcas cautivas en suelo francés?
Todo apunta a que su traslado al Loro Parque de Tenerife es cuestión de tiempo. En otras palabras: en vez de buscar una salida coherente con el espíritu de la ley francesa, lo que se haría es trasladar el problema a España.
A principios de junio de 2026, la FFW visitó el Loro Parque para comprobar de primera mano qué les esperaría a Wikie y Keijo. Lo que vimos es alarmante: orcas y delfines siguen encerrados y exhibidos allí para entretenimiento de los turistas, además de formar parte de programas de cría en cautiverio. Saltan, posan, obedecen órdenes y, dos veces al día, actúan ante el público entre música a todo volumen y aplausos. Para una especie que percibe el mundo sobre todo a través del sonido, esto no es otra cosa que tortura.
La «urgencia» que alegan Marineland y el gobierno francés para justificar el rápido traslado de Wikie y Keijo al Loro Parque no es más que el resultado de años de falta de previsión y de una gestión deficiente, tanto por parte del parque como del propio Estado francés desde que cambió la ley en 2021. Nada de eso puede justificar decisiones que van en contra del bienestar de estos animales. Deben permanecer al cuidado de Antibes el tiempo que haga falta, hasta que exista un santuario marino realmente apto para sus necesidades.
Francia, como ya hizo Suiza hace más de una década, admite hoy que las orcas y los delfines no tienen sitio en el cautiverio y que los espectáculos con cetáceos son inadmisibles. Por eso mismo, no puede ahora lavarse las manos exportando las consecuencias de su propia decisión a España y enviando a sus dos últimas orcas a un centro que mantiene vivo el modelo que ella misma ha rechazado. A esto se suma que la autoridad científica española emitió, en el marco de CITES, un dictamen contrario a ese traslado al Loro Parque, un dictamen que las autoridades francesas están obligadas a respetar.
España tiene también su parte de responsabilidad. Sigue siendo el país de la Unión Europea con más delfinarios en activo, con cerca de un centenar de delfines y varias orcas retenidos en instalaciones pensadas para el espectáculo. Aceptar nuevos cetáceos no haría más que alargar el problema y reforzar el papel de España como último refugio de una industria en declive.
Por eso, la FFW está movilizando ahora a sus contactos políticos en España para pedir, con carácter urgente, que se modifique la ley de bienestar animal de 2023 y así prohibir los espectáculos y usos comerciales de cetáceos, cerrar la puerta a la llegada de nuevos ejemplares a los delfinarios y trazar una hoja de ruta real para acabar con este modelo.
De momento, esta reforma podría ser una de las últimas vías para evitar que Wikie y Keijo terminen en el Loro Parque.