05.08.2026
FONDATION FRANZ WEBER

El Declive Irreversible y el Rechazo Social Masivo

La tauromaquia se enfrenta en pleno siglo XXI a una anomalía ética y cultural que resulta incompatible con los valores de una sociedad que aspira a la paz y el respeto. La persistencia de esta prÔctica no se debe a una demanda social mayoritaria, sino a inercias históricas, privilegios legales y a la influencia política del lobby taurino. En España, donde la tauromaquia tiene su epicentro, las encuestas mÔs recientes muestran un rechazo mayoritario: según el estudio Percepciones de la naturaleza y los animales (2025) de la Fundación BBVA, el 77% de la población española exige el fin de las corridas de toros, y una encuesta de Sigma Dos para El Mundo (abril de 2025) sitúa en el 78% el porcentaje de españoles que se declaran no taurinos.

CaĆ­da en la Actividad y Asistencia

Las cifras reflejan una crisis estructural sostenida en el tiempo. Según el informe de la Asociación Andaluza para la Defensa de los Animales (ASANDA), la asistencia a espectÔculos taurinos en toda España ha caído en torno a un 75% en las últimas dos décadas: de mÔs de 8,9 millones de espectadores estimados en 2007 a apenas 1,9 millones en 2025. La propia Fondation Franz Weber ha publicado un estudio que sitúa este descenso en un 77% en el mismo periodo. Este declive es un resultado directo de la sensibilización social y el cambio cultural, y se mantiene a pesar de las cuantiosas subvenciones públicas: solo entre 2020 y 2024, la Fundación Toro de Lidia recibió 2.325.000 euros de fondos estatales, provinciales y municipales.

El Rechazo Generacional y PolĆ­tico

Existe una brecha generacional evidente. Aunque el porcentaje global de asistencia se mantiene estable en torno al 8% de la población según la Encuesta de HÔbitos y PrÔcticas Culturales del Ministerio de Cultura (2024-2025), este dato esconde una sustitución forzada: la asistencia cae con claridad entre adultos y mayores, mientras crece artificialmente entre los jóvenes de 15 a 24 años, coincidiendo con la inclusión de la tauromaquia en el Bono Cultural Joven.

PolĆ­ticamente, el avance hacia la abolición ha logrado hitos históricos. En julio de 2024, el Congreso de Colombia aprobó la Ley 2385, conocida como Ā«No MĆ”s Olé», que establece la prohibición progresiva de las corridas de toros, el rejoneo, las novilladas, las becerradas y las tientas en todo el paĆ­s. En septiembre de 2025, la Corte Constitucional colombiana ratificó por unanimidad la constitucionalidad de la ley y amplió su alcance a las corralejas, los toros coleados y las peleas de gallos. La norma prevĆ© un periodo de transición de tres aƱos desde su entrada en vigor —hasta 2027— para permitir la reconversión laboral y cultural de quienes dependen económicamente de estas actividades. A esto se suman las restricciones ya consolidadas en CataluƱa (donde no se celebran corridas desde 2010) y en Canarias, prohibidas desde 1991.

AdemĆ”s, se han dado pasos para desmantelar espectĆ”culos humillantes como los que utilizan a personas con acondroplasia (enanismo) para suscitar la burla del pĆŗblico. En abril de 2023, EspaƱa modificó la Ley General de Personas con Discapacidad para prohibir expresamente este tipo de espectĆ”culos, despuĆ©s de que el ComitĆ© de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU advirtiera a EspaƱa en 2019 sobre esta prĆ”ctica. Sin embargo, la aplicación efectiva de la norma sigue siendo desigual: a pesar de la prohibición, este tipo de eventos —conocidos como Ā«Bombero toreroĀ» o similares— se han seguido celebrando de forma clandestina en distintos municipios, y la Fondation Franz Weber ha tenido que denunciar varios casos ante la FiscalĆ­a y las administraciones autonómicas.

El Tormento: Desmantelando el Mito de la «Pelea Justa»

Bajo la etiqueta de «tradición», se esconden prÔcticas que organismos internacionales definen como crueles. Los toros son sometidos a un entorno de estrés y sufrimiento desde antes de entrar al ruedo. El concepto de «pelea justa» se desvanece cuando se analiza el desequilibrio físico entre el animal debilitado por picadores y banderilleros y el matador que decide su suerte final.

Debilitamiento SistemƔtico Pre-Corrida

La tauromaquia se sustenta en el sometimiento del animal. Los espectĆ”culos taurinos exponen a los toros y caballos al sufrimiento y al estrĆ©s desde antes de entrar al ruedo, mediante el uso sistemĆ”tico de picas y banderillas. Estas prĆ”cticas se mantienen Ćŗnicamente por excepciones legales en las normativas de protección animal de varios paĆ­ses: la Fondation Franz Weber identifica ocho territorios donde estas excepciones persisten —EspaƱa, Portugal, el sur de Francia, MĆ©xico, Colombia, PerĆŗ, y algunas regiones de Ecuador y Venezuela.

Los Actos de Tortura

Según estima la propia Fondation Franz Weber, mÔs de 18.000 toros mueren cada año en corridas de toros en todo el mundo. Esta realidad es el pilar de la campaña por la abolición, que busca terminar con el maltrato animal destinado a la diversión pública.

El Impacto Ɖtico en la Infancia y la Imagen Turƭstica

La normalización de la violencia contra los animales preocupa a los organismos internacionales de protección infantil. Ɖticamente, enseƱar a un niƱo que es aceptable presenciar la muerte de un animal por entretenimiento plantea preguntas sobre los cimientos de una cultura de paz.

Riesgos para los NiƱos

La campaña «Infancia sin violencia» de la Fondation Franz Weber impulsó la recomendación que el Comité de los Derechos del Niño de la ONU dirigió a España en 2018, instando a mantener a los menores de 18 años alejados de los espectÔculos taurinos. Esta recomendación no ha sido plenamente atendida: el propio Comité la reiteró en su informe de Observaciones Finales de 2026, expresando su preocupación porque «los niños sigan presenciando la violencia y la muerte» en las fiestas taurinas populares, y reclamando una edad mínima de 18 años «sin excepción» tanto a nivel estatal como autonómico. A día de hoy, solo las Islas Baleares prohíben la entrada de menores a las plazas de toros.

La Tauromaquia como Actividad Sostenida Artificialmente

La imagen de España como destino que aún permite estas prÔcticas convive con un consenso social cada vez mÔs amplio en contra. El uso de fondos públicos para financiar la tauromaquia es ampliamente denunciado por organizaciones como AnimaNaturalis, que calculan una inversión superior a 120 millones de euros anuales en subvenciones al sector, mientras el 77% de la ciudadanía española exige el fin de esta prÔctica, según los datos ya citados de la Fundación BBVA. La transición hacia modelos de celebración sin crueldad, como la transformación de plazas de toros en espacios culturales y deportivos, marca el camino hacia un futuro mÔs coherente con esos valores.

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