La tauromaquia se enfrenta en pleno siglo XXI a una anomalĆa Ć©tica y cultural que resulta incompatible con los valores de una sociedad que aspira a la paz y el respeto. La persistencia de esta prĆ”ctica no se debe a una demanda social mayoritaria, sino a inercias históricas, privilegios legales y a la influencia polĆtica del lobby taurino. En EspaƱa, donde la tauromaquia tiene su epicentro, las encuestas mĆ”s recientes muestran un rechazo mayoritario: segĆŗn el estudio Percepciones de la naturaleza y los animales (2025) de la Fundación BBVA, el 77% de la población espaƱola exige el fin de las corridas de toros, y una encuesta de Sigma Dos para El Mundo (abril de 2025) sitĆŗa en el 78% el porcentaje de espaƱoles que se declaran no taurinos.
Las cifras reflejan una crisis estructural sostenida en el tiempo. SegĆŗn el informe de la Asociación Andaluza para la Defensa de los Animales (ASANDA), la asistencia a espectĆ”culos taurinos en toda EspaƱa ha caĆdo en torno a un 75% en las Ćŗltimas dos dĆ©cadas: de mĆ”s de 8,9 millones de espectadores estimados en 2007 a apenas 1,9 millones en 2025. La propia Fondation Franz Weber ha publicado un estudio que sitĆŗa este descenso en un 77% en el mismo periodo. Este declive es un resultado directo de la sensibilización social y el cambio cultural, y se mantiene a pesar de las cuantiosas subvenciones pĆŗblicas: solo entre 2020 y 2024, la Fundación Toro de Lidia recibió 2.325.000 euros de fondos estatales, provinciales y municipales.
Existe una brecha generacional evidente. Aunque el porcentaje global de asistencia se mantiene estable en torno al 8% de la población según la Encuesta de HÔbitos y PrÔcticas Culturales del Ministerio de Cultura (2024-2025), este dato esconde una sustitución forzada: la asistencia cae con claridad entre adultos y mayores, mientras crece artificialmente entre los jóvenes de 15 a 24 años, coincidiendo con la inclusión de la tauromaquia en el Bono Cultural Joven.
PolĆticamente, el avance hacia la abolición ha logrado hitos históricos. En julio de 2024, el Congreso de Colombia aprobó la Ley 2385, conocida como Ā«No MĆ”s Olé», que establece la prohibición progresiva de las corridas de toros, el rejoneo, las novilladas, las becerradas y las tientas en todo el paĆs. En septiembre de 2025, la Corte Constitucional colombiana ratificó por unanimidad la constitucionalidad de la ley y amplió su alcance a las corralejas, los toros coleados y las peleas de gallos. La norma prevĆ© un periodo de transición de tres aƱos desde su entrada en vigor āhasta 2027ā para permitir la reconversión laboral y cultural de quienes dependen económicamente de estas actividades. A esto se suman las restricciones ya consolidadas en CataluƱa (donde no se celebran corridas desde 2010) y en Canarias, prohibidas desde 1991.
AdemĆ”s, se han dado pasos para desmantelar espectĆ”culos humillantes como los que utilizan a personas con acondroplasia (enanismo) para suscitar la burla del pĆŗblico. En abril de 2023, EspaƱa modificó la Ley General de Personas con Discapacidad para prohibir expresamente este tipo de espectĆ”culos, despuĆ©s de que el ComitĆ© de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU advirtiera a EspaƱa en 2019 sobre esta prĆ”ctica. Sin embargo, la aplicación efectiva de la norma sigue siendo desigual: a pesar de la prohibición, este tipo de eventos āconocidos como Ā«Bombero toreroĀ» o similaresā se han seguido celebrando de forma clandestina en distintos municipios, y la Fondation Franz Weber ha tenido que denunciar varios casos ante la FiscalĆa y las administraciones autonómicas.
Bajo la etiqueta de Ā«tradiciónĀ», se esconden prĆ”cticas que organismos internacionales definen como crueles. Los toros son sometidos a un entorno de estrĆ©s y sufrimiento desde antes de entrar al ruedo. El concepto de Ā«pelea justaĀ» se desvanece cuando se analiza el desequilibrio fĆsico entre el animal debilitado por picadores y banderilleros y el matador que decide su suerte final.
La tauromaquia se sustenta en el sometimiento del animal. Los espectĆ”culos taurinos exponen a los toros y caballos al sufrimiento y al estrĆ©s desde antes de entrar al ruedo, mediante el uso sistemĆ”tico de picas y banderillas. Estas prĆ”cticas se mantienen Ćŗnicamente por excepciones legales en las normativas de protección animal de varios paĆses: la Fondation Franz Weber identifica ocho territorios donde estas excepciones persisten āEspaƱa, Portugal, el sur de Francia, MĆ©xico, Colombia, PerĆŗ, y algunas regiones de Ecuador y Venezuela.
Según estima la propia Fondation Franz Weber, mÔs de 18.000 toros mueren cada año en corridas de toros en todo el mundo. Esta realidad es el pilar de la campaña por la abolición, que busca terminar con el maltrato animal destinado a la diversión pública.
La normalización de la violencia contra los animales preocupa a los organismos internacionales de protección infantil. Ćticamente, enseƱar a un niƱo que es aceptable presenciar la muerte de un animal por entretenimiento plantea preguntas sobre los cimientos de una cultura de paz.
La campaƱa Ā«Infancia sin violenciaĀ» de la Fondation Franz Weber impulsó la recomendación que el ComitĆ© de los Derechos del NiƱo de la ONU dirigió a EspaƱa en 2018, instando a mantener a los menores de 18 aƱos alejados de los espectĆ”culos taurinos. Esta recomendación no ha sido plenamente atendida: el propio ComitĆ© la reiteró en su informe de Observaciones Finales de 2026, expresando su preocupación porque Ā«los niƱos sigan presenciando la violencia y la muerteĀ» en las fiestas taurinas populares, y reclamando una edad mĆnima de 18 aƱos Ā«sin excepciónĀ» tanto a nivel estatal como autonómico. A dĆa de hoy, solo las Islas Baleares prohĆben la entrada de menores a las plazas de toros.
La imagen de EspaƱa como destino que aĆŗn permite estas prĆ”cticas convive con un consenso social cada vez mĆ”s amplio en contra. El uso de fondos pĆŗblicos para financiar la tauromaquia es ampliamente denunciado por organizaciones como AnimaNaturalis, que calculan una inversión superior a 120 millones de euros anuales en subvenciones al sector, mientras el 77% de la ciudadanĆa espaƱola exige el fin de esta prĆ”ctica, segĆŗn los datos ya citados de la Fundación BBVA. La transición hacia modelos de celebración sin crueldad, como la transformación de plazas de toros en espacios culturales y deportivos, marca el camino hacia un futuro mĆ”s coherente con esos valores.